Editorial,  FGDRC,  INSURRECCIÓN

EL RÉGIMEN DEMOCRATIZA LA POBREZA

Damaris Izaguirre

Resulta un completo descaro que para sostener la agonizante clase media, en vez de mejorar los ingresos de la población, la respuesta sea mover los indicadores de pobreza para encubrir el hambre y la pobreza que invadió a más de la mitad de los colombianos.

Petro durante la campaña presidencial tuvo como bandera política prometer cambios sociales donde primaban la equidad social, la mitigación del hambre, entre otros; sin hablar jamás de cambiar el modelo económico y remover privilegios de los emporios económicos, por esto sus políticas publicas se centran en dar subsidios paliativos, pero en el fondo todo sigue igual, porque cada día se reduce el número de personas que comen 3 veces al día y que tienen capacidad de compra, mientras aumenta el hambre y la pobreza.

Durante décadas la clase media era un sector representativo de la sociedad, cuya principal característica estaba en tener una formación académica profesional, ingresos que les permitieran vivir cómodamente y la adquisición de propiedades y ahorros. Mientras gran parte la población, la clase baja comen mal, viven mal y son explotados laboralmente por las grandes empresas, aunque ahora la gran mayoría sobreviven gracias al rebusque.

La Asociación que reúne a los banqueros (Anif), considera clase media a la población con ingresos entre 780.292 y 4.201.570 Pesos; es ‘traído de los cabellos’ asegurar que alguien que gana menos de un salario mínimo sea clase media, esto es un asalto a la inteligencia de los colombianos y otra cortina de humo que trata de ocultar lo inocultable, que la economía va mal y cada día empeora.

El Gobierno debería empezar a preocuparse por los cerca de 12 millones de colombianos que ganan menos de un salario mínimo y que viven del rebusque, es inadmisible que la élite financiera se enorgullezca con estadísticas que se contradicen con la realidad, como el desempleo, la inflación, el crecimiento económico, entre otros. Resulta evidente que hubo cambio de Gobierno pero no en las políticas del régimen de exclusión violenta, al servicio de los intereses de la clase dominante. Así que no queda otra opción que la presión social masiva y organizada, para exigirle al Gobierno que cumpla sus promesas y luche junto al pueblo por las transformaciones estructurales que necesita el país.

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