Editorial,  FGDRC,  INSURRECCIÓN

EL HAMBRE VIOLA LOS DERECHOS HUMANOS

Dioselina Forero

El 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de la ONU adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DDHH), que se consideran inherentes a todos los seres humanos e inalienables, precepto que contrasta con la realidad, entonces, ¿de qué derechos estamos hablando?

La Declaración Universal de los DDHH contempla que, “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”; este precepto es opuesto al sistema capitalista que al ser monopólico y centrar la riqueza en reducido grupo de la población, se convierte en el primer factor que incrementa la desigualdad y la pobreza, que son las responsables de la degradación de la dignidad y la calidad de vida de millones de personas, ¿son los DDHH letra muerta?

En este contexto la ONU es un estamento espectral, un castillo de humo, una entidad funcional al sistema dominante, que no solo permite que unos pocos llenen sus bolsillos mientras millones mueren de hambre, sino que además guarda silencio cómplice ante el genocidio recurrente que comete Israel contra el pueblo palestino, ¿para qué la ONU si no cumple su principal mandato, que es la defensa de los DDHH?

La desigualdad y la pobreza son problemas estructurales que durante décadas han sumido a millones en la miseria, sin que ninguno de los Gobiernos de turno haga algo para mitigarlas; según el Banco Mundial, Colombia es el segundo país más desigual de América Latina. A la fecha ningún gobierno –izquierda, derecha, progresista- ha ejecutado una política integral que extermine la pobreza y disminuya la desigualdad, ya que ningún Gobierno, ni siquiera el del Cambio, está dispuesto a ejecutar cambios estructurales y hacer una ruptura definitiva con el régimen y deponer el statu quo.

Desarrollar los DDHH a plenitud y dignificar la vida de ‘los nadie’ no es algo que se le pueda delegar al Gobierno o a los políticos, es claro que son serviles al sistema y a los grandes millonarios; por lo tanto, ‘solo el pueblo, salva el pueblo’, así que la única opción posible para transformar el paradigma socioeconómico y darle dignidad a los excluidos, es la lucha popular y ante regímenes violentos como el nuestro, se hace legitima y necesaria la rebelión armada.

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